lunes, 12 de febrero de 2007

Le coeur a ses raisons que la raison ne connaît point



14
Cuando una elocución expresa con naturalidad una pasión o un efecto psíquico, encontramos en nosotros mismos la verdad de lo que escuchamos. No sabíamos que la contuviéramos, de modo que esto nos incita a amar al que nos lo hace sentir: pues no nos ha mostrado lo suyo, sino lo nuestro. Este beneficio nos lo torna digno de amor; además, la comunidad intelectual que con él tenemos inclina necesariamente el corazón a amarlo.

277
El corazón tiene sus razones, que la razón no conoce; esto se advierte en mil cosas. Digo que el corazón ama naturalmente al ser universal, y naturalmente a sí mismo, según se dedique al uno o al otro; y se endurece contra el uno o contra el otro, según elija. Habéis rechazado el uno y conservado al otro ¿acaso por razón os amáis?

282
Conocemos la verdad no sólo por la razón, sino también por el corazón; de esta segunda manera conocemos los primeros principios, y en vano el razonamiento, que no participa en ella, trata de combatirlos.
(…)
Y es tan inútil y tan ridículo que la razón exija al corazón pruebas de sus principios para querer consentir en ellos, como sería ridículo que el corazón exigiera a la razón un sentimiento de todas las proposiciones que ella demuestra para querer aceptarlas. Por lo tanto, esa impotencia sólo debe servir para humillar a la razón, que pretendería juzgar acerca de todo, pero no para combatir nuestra certeza, como si solamente la razón fuera capaz de informarnos.

283
El corazón tiene su orden; el espíritu tiene el suyo, que es por principio y demostración; el del corazón es distinto. No probamos que debemos ser amados exponiendo ordenadamente las causas del amor: esto sería ridículo.


Blaise Pascal, Pensamientos



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